Ayer moviendo cosas dentro de un cajón saltó a mi vista y vino a mi recuerdo una carta... una carta escrita hace unos cuantos años por una persona que aún hoy, que ya no está conmigo físicamente, sigue siendo muy importante para mí... mi abuelito...
Recuerdo a primos y tíos haciendo limpieza en su casa, decidiendo entre todos que regalar, que tirar y con que quedarnos... aparecieron unos billetes, impecablemente nuevos pero antigüos, que al parecer mi abuelita guardaba en secreto en un mueble del comedor... un periódico con sus páginas amarillas donde pudimos leer una noticia de la familia Romanov... pero entre tantos papeles apareció una hoja amarilla doblada, una hoja que dice así:
LA TARDE QUE SE ALEJA
La tarde se va con sus sombríos y mustios recuerdos, se aleja
de las almas enamoradas, el sol se va ocultando tras de la loma
ya sus rayos fulgentes, son tenues fulgores, a lo lejos
se escucha una música vocinglera que da la despedida,
las chicharras, cocuyos, crillos y demás insectos
de la floresta nocturnal prestan sus galas mejores
para recibir la callada noche, nuestros corazones
sellan un día de amor crisolizado, un día glorioso que
se aleja.. cuando el sol manda sus últimos rayos nos
sorprende en un beso que glorifica toda una eternidad.
¡¡que bello es esperar la noche al calor de un beso enamorado!!
el día que se muere ya incrustó en nuestras almas
todo el poema de un romance, en ella supimos que el uno era
para el otro, cristalizó una esperanza deseada en nosotros,
todas nuestras zosobras, penares, tristezas, se olvidaron al
unirse nuestros labios en aquel beso que nos robáramos por vez primera, que dichosos fuimos desde ese momento, el mundo
ya no existía, nada más había que nuestro amor.. nuestros
abrazos y nuestros besos, el remanso seguía su apasible
curso a travez de su cause rutinario, las aves cantaban
su canción cotidiana.. y así pasaron largas horas, para
nosotros fueron segundos... volvimos de nuestro sueño
cuando el astro nos quitaba su nítida luz de orfebrería
ya el glorioso día se alejaba, pero que en nuestras almas
viviría eternamente con un recuerdo impercedero.......
se.. va.. la tarde... nosotros le damos la despedida con
un dulce y cálido beso que de nuestras almas ha salido......
Orizaba, Septiembre de 1938
¿A quién escribió esa carta, ese poema?... no lo sé... quizá a mi abuelita, a algún amor prohíbido, un amor pasajero o incluso a la mujer de sus sueños... pero lo cierto es que el es mi abuelito, a pesar de que en esa época era Puerto.
Recuerdo a primos y tíos haciendo limpieza en su casa, decidiendo entre todos que regalar, que tirar y con que quedarnos... aparecieron unos billetes, impecablemente nuevos pero antigüos, que al parecer mi abuelita guardaba en secreto en un mueble del comedor... un periódico con sus páginas amarillas donde pudimos leer una noticia de la familia Romanov... pero entre tantos papeles apareció una hoja amarilla doblada, una hoja que dice así:
LA TARDE QUE SE ALEJA
La tarde se va con sus sombríos y mustios recuerdos, se aleja
de las almas enamoradas, el sol se va ocultando tras de la loma
ya sus rayos fulgentes, son tenues fulgores, a lo lejos
se escucha una música vocinglera que da la despedida,
las chicharras, cocuyos, crillos y demás insectos
de la floresta nocturnal prestan sus galas mejores
para recibir la callada noche, nuestros corazones
sellan un día de amor crisolizado, un día glorioso que
se aleja.. cuando el sol manda sus últimos rayos nos
sorprende en un beso que glorifica toda una eternidad.
¡¡que bello es esperar la noche al calor de un beso enamorado!!
el día que se muere ya incrustó en nuestras almas
todo el poema de un romance, en ella supimos que el uno era
para el otro, cristalizó una esperanza deseada en nosotros,
todas nuestras zosobras, penares, tristezas, se olvidaron al
unirse nuestros labios en aquel beso que nos robáramos por vez primera, que dichosos fuimos desde ese momento, el mundo
ya no existía, nada más había que nuestro amor.. nuestros
abrazos y nuestros besos, el remanso seguía su apasible
curso a travez de su cause rutinario, las aves cantaban
su canción cotidiana.. y así pasaron largas horas, para
nosotros fueron segundos... volvimos de nuestro sueño
cuando el astro nos quitaba su nítida luz de orfebrería
ya el glorioso día se alejaba, pero que en nuestras almas
viviría eternamente con un recuerdo impercedero.......
se.. va.. la tarde... nosotros le damos la despedida con
un dulce y cálido beso que de nuestras almas ha salido......
Juan Puerto
Orizaba, Septiembre de 1938
¿A quién escribió esa carta, ese poema?... no lo sé... quizá a mi abuelita, a algún amor prohíbido, un amor pasajero o incluso a la mujer de sus sueños... pero lo cierto es que el es mi abuelito, a pesar de que en esa época era Puerto.
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